
Los austriacos Marian Aßmair y Michael Stadler han enlazado en una sola jornada cinco de las grandes rutas clásicas de las Tre Cime di Lavaredo, acumulando unos 2.000 metros de escalada y alcanzando las cinco cumbres en 14 horas y 15 minutos.
Las Tre Cime di Lavaredo, uno de los grandes iconos de las Dolomitas, volvieron a ser escenario de una jornada de alpinismo de enorme exigencia. El pasado 5 de septiembre, los jóvenes escaladores austriacos Marian Aßmair, de 22 años, y Michael Stadler, de 25, consiguieron enlazar en un solo día las cinco grandes rutas de las caras norte del macizo.
El objetivo era claro: escalar cinco vías clásicas, alcanzar sus respectivas cumbres y completar todo el recorrido en una única jornada. Salieron de madrugada y terminaron en la Cima Piccola a las 18:45, después de 14 horas y 15 minutos de actividad. Una hora más tarde, a las 19:45, ya estaban de nuevo al pie de la pared.
En total, fueron aproximadamente 56 largos y 2.000 metros de desnivel vertical, incluyendo las aproximaciones, descensos y transiciones entre las diferentes vías.
Cinco clásicas, cinco cumbres
El recorrido comenzó en la Cima Ovest, donde escalaron la Cassin-Ratti. Después llegó el turno de la mítica Comici-Dimai, en la Cima Grande, probablemente la vía más conocida del encadenamiento.
Desde allí continuaron hacia la Cima Piccolissima, por la vía Preuss, para dirigirse posteriormente a Punta di Frida, donde escalaron la Dülfer. La última dificultad fue la Innerkofler, que conduce a la cima de la Cima Piccola.
La cronología permite hacerse una idea de la velocidad del encadenamiento:
- 04:30 – Inicio de la Cassin-Ratti, Cima Ovest.
- 08:12 – Cumbre de Cima Ovest.
- 09:14 – Inicio de la Comici-Dimai.
- 12:29 – Cumbre de Cima Grande.
- 14:19 – Inicio de la vía Preuss.
- 15:34 – Cumbre de Cima Piccolissima.
- 16:00 – Inicio de la Dülfer.
- 17:27 – Cumbre de Punta di Frida.
- 17:50 – Inicio de la Innerkofler.
- 18:45 – Cumbre de Cima Piccola.
- 19:45 – Fin de la actividad.
La Comici-Dimai les llevó 3 horas y 15 minutos, mientras que la última vía, la Innerkofler, fue completada en apenas 55 minutos.








Velocidad, conocimiento y poco material
Más que una sucesión de ascensiones independientes, el reto fue planteado como un encadenamiento, donde las transiciones entre paredes y cumbres resultaban tan importantes como la propia escalada.
Aßmair y Stadler ya conocían las cinco rutas y sus descensos, algo fundamental para poder mantener un ritmo elevado. El día anterior también dejaron depósitos de agua en algunos puntos estratégicos.
Durante la escalada utilizaron escalada simultánea y alternancia de los largos de primero cuando se agotaba el material disponible. También emplearon una cuerda simple de 40 metros y una Rad Line de 30 metros.
El objetivo tampoco era realizar las cinco vías íntegramente en libre. Algunas secciones fueron escaladas en artificial para ganar velocidad. Según explicó Aßmair a Planetmountain, la prioridad era completar las cinco caras en una jornada, no establecer una ascensión deportiva en libre.
Pero no es un récord nuevo
La cifra resulta espectacular, pero hay una historia todavía más sorprendente detrás de ella.
El mismo encadenamiento fue realizado 65 años antes por Claude Barbier. El alpinista belga completó en solitario, el 24 de agosto de 1961, las mismas cinco rutas y las cinco cumbres en 13 horas y 5 minutos.
Barbier comenzó en la Cassin de la Cima Ovest a las 05:20 y alcanzó la Cima Piccola a las 18:25. En total empleó 13 horas y 5 minutos para completar el recorrido, con apenas 8 horas y 38 minutos de tiempo efectivo de escalada, según los datos recogidos por Planetmountain.
La comparación resulta especialmente llamativa por la época y por las condiciones en las que se realizó aquella actividad. Aßmair reconoció que los tiempos conseguidos por ellos mismos les sorprendieron, pero calificó la ascensión de Barbier como una hazaña extraordinaria, realizada además en solitario y en 1961.
Las Tre Cime, un laboratorio del alpinismo
Las tres grandes agujas de Lavaredo llevan décadas funcionando como una especie de laboratorio del alpinismo moderno. Sus paredes concentran algunas de las rutas más importantes de la historia de la escalada en roca, y su proximidad permite plantear combinaciones que en otros macizos serían mucho más difíciles de realizar.
La actividad de Aßmair y Stadler no abre una nueva vía ni establece un récord absoluto, pero recupera una idea que ya parecía adelantada a su tiempo: convertir las clásicas de las Tre Cime en un único gran recorrido alpino.
Más de seis décadas después de Barbier, cinco de aquellas paredes siguen siendo capaces de poner a prueba velocidad, resistencia, técnica y capacidad de gestión. Y continúan demostrando que algunas de las grandes aventuras del alpinismo no necesitan una montaña desconocida para ser extraordinarias.
