
España llevaba 54 años esperando un oro olímpico en invierno. Desde Paquito Fernández Ochoa en Sapporo 1972, ningún deportista español había vuelto a lo más alto del podio en unos Juegos de Invierno. Este jueves, bajo una nevada intensa en el Stelvio Ski Centre de Bormio, Oriol Cardona lo ha roto todo.
El esquiador de Banyoles (Girona), de 31 años, se ha proclamado campeón olímpico del sprint de esquí de montaña —disciplina que debuta precisamente en estos Juegos— cruzando la meta en 2:34.0, con 1,5 segundos sobre Nikita Filippov (plata) y el francés Thibault Anselmet (bronce).
La carrera se decidió en las escaleras de montaña: mientras otros atletas resbalaban sobre los peldaños nevados, Cardona los atacó con potencia, subiendo a veces de dos en dos, abriendo una ventaja de cinco segundos que ya no cedería. Primero en la última transición, primero en el descenso final. Primero en la historia.
El resultado no es ningún accidente. Cardona es el vigente doble campeón del mundo de sprint (2023 y 2025), dos veces campeón de Europa y ganador de la Copa del Mundo de la presente temporada. Para afilar su candidatura al oro, tomó una decisión que define su ambición: llamar a Kilian Jornet. La respuesta del legendario alpinista fue rápida y afirmativa, integrándose en el cuerpo técnico junto al entrenador principal Andrés Arroyo y el analista de datos Víctor López.
La jornada también deparó el bronce de Ana Alonso en la prueba femenina, abriendo el medallero español con dos preseas en el mismo día. Ambos se disputarán el podio juntos el sábado en el relevo mixto. España se confirma como potencia mundial del skimo, y Cardona como su primer rey olímpico.