La expedición los llevó primero a lo largo del inviolado pilar oriental del Ogro y luego a la majestuosa cumbre del Baintha Kabata, una montaña de 6.250 metros de altura donde su roca parece ofrecer una línea lógica, aquella en la que vivir una aventura esperada por más de un mes. Un tiempo interminable de espera paciente y angustiosa en una temporada marcada por lluvias y nevadas continuas, sin interrupción.




El hijo del Ogro
Cuatro escaladores desafían el Pilar Oriental del Ogro, una de las hazañas más ambiciosas del Karakorum. A pesar de veinte intentos anteriores, ninguna expedición ha logrado conquistar esta línea magnética. Durante el verano de 2023, Matteo Della Bordella, Silvan Schüpbach, François Cazzanelli y Symon Welfringer aceptaron el audaz desafío.
Los que les precedieron alcanzaron una altitud máxima de 6.800 metros, afrontando extremas dificultades técnicas. Sin embargo, los cuatro han ideado una nueva ruta, un sendero directo y lógico más allá del pilar hasta la aún inexplorada cumbre este de Ogre, situada a 7150 metros.
Sin embargo, nada sale según lo planeado. La temporada resulta inusual, dominada por lluvias y nevadas incesantes. Con unos días de buen tiempo, desafiar al Karakorum Orc parece imposible. Un intento fallido los obligó a regresar al campamento base bajo una fuerte nevada que duró días y semanas. Atrincherados en sus tiendas, con la moral baja y el equipaje casi listo para regresar, Silvan Schüpbach vislumbra un rayo de esperanza.
Junto al Ogro, se encuentra Baintha Kabata (hijo del Ogro en urdu), a 6250 metros de altura. Colin Haley y Maxime Turgeon lo escalaron en 2008. Valientemente, Della Bordella, Schüpbach y Welfringer subieron a la montaña de tres en tres, aprovechando una breve ventana de tiempo. En dos días abren una nueva ruta con dificultad máxima 7b, trayendo a Italia no sólo una sonrisa, sino también una ruta técnica y vertical.

“Dos días extraordinarios que nos permitieron regresar a Italia con una sonrisa en la cara y un recorrido técnico y vertical”, resume Della Bordella. «Ciertamente me gustaría volver a tener en mis manos la roca del Ogro, pero ciertamente no será mi próxima expedición. Días y semanas de inactividad en uno de los entornos más duros conocidos. Esperas largas y, a veces, angustiosas. ¿Quién volvería? Pero una vez más la montaña impuso su mayor lección: saber esperar“.
En conclusión, las largas esperas y los desafíos en uno de los entornos más duros del planeta han enseñado a los montañeros el arte de saber esperar, demostrando una vez más que la montaña dicta sus reglas y ofrece valiosas lecciones a quienes están dispuestos a escuchar.

