
La cara oeste del Tetnuldi llevaba años en la lista de deseos de los mejores esquiadores de alta montaña del mundo. Empinada, expuesta y con un glaciar que la viste de blanco hasta bien entrado el verano, esta pared de más de 700 metros de desnivel en el corazón de la Alta Svaneti, Georgia, era considerada uno de los grandes retos pendientes del esquí extremo en el Cáucaso. El 8 de junio de 2025, Elisa Bessega y Enrico Mosetti pusieron fin a esa espera: ascendieron a la cima y bajaron esquiando por esa línea mítica, dejando un surco en la historia de su deporte.
Una montaña con historia propia
El Tetnuldi —término que en svanio podría traducirse como «la blanca»— es la décima cumbre más alta del Cáucaso (4.858 msm). Se levanta en la región de la Alta Svaneti, un territorio del noroeste de Georgia fronterizo con Rusia, donde las aldeas de piedra y las torres medievales coexisten con un paisaje alpino de una belleza sobrecogedora. La montaña fue ascendida por primera vez en 1896 por el explorador británico Douglas Freshfield, y sus laderas permanecen glaciadas por encima de los 3.000 metros.
La cara oeste del Tetnuldi no es un objetivo cualquiera. Ya en 2017, los esquiadores eslovacos Miroslav Peťo y Maroš Červienka llegaron hasta el Cáucaso georgiano con ella en el punto de mira, pero las malas condiciones de la nieve les obligaron a desviar su atención hacia la cresta suroeste. En 2020, el alpinista georgiano Temur Kurdiani abrió en solitario una nueva vía de ascenso directo por esa pared, que confirmó la dificultad extrema del terreno. La bajada en esquí, sin embargo, seguía siendo tierra virgen.
La expedición de junio de 2025
Elisa Bessega y Enrico Mosetti no eran desconocidos para la montaña ni entre sí. Ambos llevan años colaborando en proyectos de esquí de exploración en cordilleras alejadas de los grandes focos mediáticos del alpinismo. Bessega, directora del documental Transcardus – A BalkanSki Story (2024), rodado junto a Mosetti y otros dos compañeros durante la primera travesía esquiada del macizo balcánico del Šar, ha demostrado sobradamente su capacidad para combinar la visión artística con el rendimiento técnico en alta montaña. Mosetti, guía de montaña nacido en Gorizia en 1989, es uno de los esquiadores extremos más activos y versátiles de Europa: tiene en su palmarés la primera bajada de la Caroline Face del Aoraki / Mount Cook en Nueva Zelanda (2017) junto a los británicos Ben Briggs y Tom Grant, y bajadas en solitario de seis miles en la Cordillera Blanca del Perú, entre otras.










El dúo llegó a la región de la Svaneti a principios de junio de 2025, cuando el verano georgiano comienza a consolidar la nieve de primavera en las cotas altas. La ventana meteorológica del día 8 fue la elegida. Tras una ascensión por la cara oeste hasta la cumbre del Tetnuldi, Bessega y Mosetti iniciaron la bajada en esquí por esa misma pared. La línea, que nadie había esquiado antes, supone varios cientos de metros de desnivel esquiado en terreno de alta exposición, con pendientes que en los tramos más difíciles superan ampliamente los 50°.
El Cáucaso georgiano, escenario de esquí extremo
Georgia se ha ido consolidando en los últimos años como uno de los destinos más interesantes para el esquí de alta montaña fuera de los Alpes. La región de la Alta Svaneti, con su capital de montaña en Mestia —a unos 1.500 metros de altitud—, concentra algunas de las cimas más fotogénicas y difíciles de toda la cordillera: el mítico Ushba (4.710 m), conocido como el «Matterhorn del Cáucaso», el Gestola (4.859 m), el Shkhara (5.068 m) o el propio Tetnuldi. La estación de esquí de Tetnuldi, inaugurada en la temporada 2015-2016 a los pies de la montaña homónima, ha facilitado el acceso al macizo y ha servido de trampolín para numerosas expediciones de freeride y esquí de exploración.
Los precedentes de bajadas de alto nivel en la zona no son pocos. Los eslovacos Peťo y Červienka dejaron su huella en el Cáucaso georgiano en 2017 con descensos en el Ushba Norte y en el Chatyn Tau, entre otros. La cara oeste del Tetnuldi, sin embargo, había resistido todos los intentos anteriores. Su combinación de exposición, longitud y variabilidad de la nieve la hacía especialmente selectiva.
