
Menos de 25 años. Una lista de pendientes vertiginosas que haría palidecer a veteranos. Una pasión que roza la obsesión. Así podríamos empezar a describir a Morgan Akhourfi, joven esquiador francés que acaba de firmar una hazaña digna de los anales del esquí de montaña: tres grandes descensos en el macizo del Mont Blanc en menos de una semana, todos en solitario, todos combinados con parapente para escapar de los glaciares. Y no fueron simples rutas: hablamos de la arista de Peuterey, el contrafuerte central de Miage y la Sentinelle Rouge, en la vertiente italiana y francesa del gigante alpino.
Un estilo de vida vertical
Akhourfi no es un nombre nuevo en la cuenca de Argentière, donde vive a medias entre su autocaravana y la montaña, con su gato como único compañero constante. Su estilo se ha forjado a base de esquí rápido, líneas audaces y un compromiso físico y técnico absoluto. Su equipo, lejos de ser ultraligero, consiste en los sólidos Black Crows Solis, diseñados para lo imposible. Su inspiración, figuras como Jérémie Heitz o Emmanuel Ballot, referentes del esquí de pendiente extrema.

Pero Morgan ha añadido un arma más a su arsenal: el speed riding. Pequeñas velas que no solo aumentan las posibilidades, sino que cambian las reglas del juego. Lo que antes eran callejones sin salida sobre grietas o glaciares rotos, ahora se transforman en pistas de despegue hacia el vacío.
El prólogo: corredor de Saudan, 1 de mayo
La historia comienza con un descenso solitario del corredor de Saudan, cara oeste del Mont Blanc. Un reconocimiento técnico más que un intento serio, con condiciones duras: entrada helada, rocas expuestas y un descenso en estilo mixto entre roca, hielo y nieve. Pero ya en su mente, Akhourfi estaba trazando líneas para algo más grande.

Mont Blanc n.º 1 – Arista de Peuterey, 15 de mayo
Tras un intento fallido en el Col de la Verte —donde perdió un bastón, una cámara y casi la moral—, Morgan decidió subir a dormir a Les Cosmiques. Al día siguiente, arrancó desde el vivac, con la arista de Peuterey como objetivo.
La jornada fue compleja: cornisa tras cornisa, fatiga acumulada, dudas. Pero la línea se abrió y Morgan descendió esta mítica cresta hacia el sur. El descenso del corredor Eccles —seco pero esquiable— lo llevó finalmente a despegar con su vela desde el paso homónimo, surcando el aire hacia las Dames Anglaises.
“Fue una línea de desaparición. Pura clase”, confiesa. Y tiene razón.


Mont Blanc n.º 2 – Contrafuerte central del Miage, 18 de mayo
Apenas 48 horas después, Morgan vuelve al ataque. Sale temprano desde la Aiguille du Midi, comparte parte de la ascensión con el alpinista Benjamin Védrines, y se lanza hacia lo desconocido: el contrafuerte central del Miage, en la cara oeste del Mont Blanc.
Una ruta técnica, comprometida, en un terreno rocoso e incierto, donde el esquí se vuelve supervivencia y el escape aéreo no es un lujo, sino una necesidad. La línea se dibuja sin margen de error. Al final, tras un breve tramo a pie, regresa a casa… pero no por mucho tiempo.

Mont Blanc n.º 3 – La Sentinelle Rouge, 19 de mayo
El tercer y último desafío llega al día siguiente. Morgan, aún con la adrenalina del Miage, regresa a dormir en altura. El objetivo: la misteriosa Sentinelle Rouge, cara este del Mont Blanc. Un descenso raro, técnico, estético, expuesto, con todas las letras.
Como en los anteriores, Morgan desciende en solitario, combinando habilidad, resistencia y estrategia. Como en los anteriores, no hay segunda oportunidad.

Una tetralogía aérea
Aunque Akhourfi habla de una trilogía, esta semana de mayo de 2024 incluyó cinco descensos extremos, todos en el Mont Blanc o su entorno directo. Cada uno rematado con un despegue en parapente, como quien firma su obra maestra con tinta en el cielo.

Desde el corredor de Saudan hasta la Sentinelle Rouge, pasando por Peuterey, Miage y otros pasos memorables, lo que hizo Morgan no es una suma de logros, sino una declaración de intenciones. El futuro del esquí extremo, según él, se escribe con líneas verticales… y con alas.
Morgan Akhourfi no compite. No sube contenido diario a redes. No tiene patrocinadores visibles. Pero tiene algo más valioso: una visión. Y este mes de mayo, esa visión voló —literalmente— más alto que nunca.
